Otro día mas.

Ella pensaba en el todos los días por lo menos un instante y al caer la noche otro poco. No pensaba demasiado en su cara, ni en sus rasgos masculinos, ni en su joven cuerpo . Sin embargo pensaba en esos momentos, en que Dios les daba una oportunidad más de encontrarse. Recodaba esa  tardes de otoño, caminando sobre el sendero cubierto de hojas, sin rumbo ni prisas. Conversaban largas horas a lo largo del camino, a el le gustaba bromear y siempre lograba por lo menos dibujarle una sonrisa. Y si la broma era de mal gusto ella lo golpeaba con ternura y reía. Cuando el sol despacio empezaba a ocultarse y la tarde se hacía noche, era hora de volver. Ella lo amaba en silencio, le costaba demasiado plasmar el sentimiento en palabras y más que eso, tenía miedo. Sabía muy bien que todo lo que comienza tarde o temprano termina, y peor aún que la soledad era cargar con un corazón roto. Al llegar a la puerta de casa se pronunciaba la despedida, ella miro sus ojos cafés y el respondió a su mirada,  no pensaba en palabras de despedida. Solo quería amarrarlo en un abrazo  y besarle. Finalmente se acercó despacio a él y poso sus labios en su mejilla.

–Hasta luego. Abrió la puerta de la verja y camino a la entrada de casa.

El continuo su camino al fondo de la calle, ella volteo y miro como se ocultaba en las sombras a cada paso. Hasta que ya no lo vio. Jadeo un suspiro diciendo  –Otro día más sin sus besos.

Usted

Aún no se si la felicidad será eterna
O quizá sea tan solo un breve instante.

El instante cuando encuentro su mirada fija en mi
Sus ojos miel destilando dulzura
Esparcida sobre mi.

Y sus labios acercándose pronunciando un beso
Posado en la mejilla

sus brazos que se aferran a mi espalda
Y los míos atados a su cintura

Ese instante en donde no importa
Nada.

Nada más que Usted.